sábado, 1 de agosto de 2009

AL FIN!!!!!!

Siento muchisimo haber tardado tanto en seguir escribiendo esto, pero de verdad, apenas me logré hacer de un espacio (tanto físico como mental) para proseguir con mi relato.

Espero les guste (sé que es más pequeño que los otros dos, pero así salió y ni modo):

CAP 3

- ¡¡Que te digo que no!!, La tormenta va a empeorar antes de que lleguemos allá- Las dos mujeres caminaban despacio sobre las dunas, empujadas hacia atrás por una tormenta de arena que no dejaba ver más allá de dos metros.

- No hay problema, solo necesitamos de tres o cuatro minutos a lo más- dijo la otra. Mientras caminaban en la arena, los pies se les hundian hasta los tobillos a causa del peso de las vasijas que cargaban sobre sus cabezas.

El clima empeoraba a cada paso que daban. De repente, al avanzar en la oscuridad, la que iba al frente casi tropieza con algo que estaba casi por completo enterrado. Dejando la vasija a un lado, se arrodilló para descubrir su hallazgo: un cuerpecito. Le hizo señas a su compañera para que se acercara. Entre ambas comenzaron a desenterrar lo que parecia un bebé muerto. ¿Un bebé? ¿Cómo había llegado hasta ahí? Avanzaron unos metros más y encontraron la respuesta: su madre estaba enterrada boca abajo con un brazo estirado en ademán del alcanzar al niño. Comenzaron caminar un poco más, solo para descubrir que aquello donde estaban paradas era un cementerio de arena. Hombres, niños, mujeres y ancianos yacían enterrados completa o parcialmente, pero con las cavidades naturales totalmente llenas de arena. “Evidentemente no estaban familiarizados con el clima” pensó la primera. Se desató la pañoleta roja con la que se protegia la cabeza de la vasija y se la acomodó en forma de turbante. La de atrás hizo otro tanto con la suya, pero al amarrarla al cuello, el viento sopló con más fuerza y se la arrebató de las manos. La pañoleta voló errante por ente las dunas y fue a parar a una rama que apenas sobresalia del suelo. La mujer llegó corriendo hasta donde se había atorado la prenda. Se agachó para tomarla cuando de repente, la rama cobró vida y le tomó por un brazo. La mujer ahogó un grito y trató de soltarse de lo que ahora era evidente como una mano. El miedo de inmediato se desvaneció y el instinto la impulsó a jalar el brazo hacia afuera. El cuerpo de una niña se apareció de entre la arena y con las fuerzas que le quedaban se aferraba al brazo de la mujer. Ella le limpió la arena del rostro y de las fosas nasales; volteó a buscar a su acompañante, que llegó de inmediato a auxiliarla. –¡¡Todavía respira!!- gritó la que sostenía a la niña. La otra se rasgó parte de la falda y confeccionaron un turbante para cubrirle la cabeza. La levantaron y se dirigieron a donde habían dejado las vasijas. La de la pañoleta roja tomó ambos recipientes y se los colocó contra los costados de la cadera. Avanzaron lo más rápido que pudieron, hasta que a lo lejos una pequeña lucecilla les indicaba que estaban llegando a casa. La tormenta perdia fuerza mientras el sol se asomaba pobremente entre sus resquicios.

El cuatro está en proceso, no tardará tanto, lo prometo. Saludos a todos!!!

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